¿Y tú, a qué tribu quieres pertenecer?

Ya estamos en diciembre, algunos esperando la nieve, otros a Papá Noel, y muchos pensando en las fiestas, los preparativos, los regalos…

Principios de diciembre es un buen momento para reflexionar en todo eso sin apuro, con honestidad, desde nuestros deseos más íntimos, y con conciencia de lo que ello supone para nuestro bienestar y para el bienestar de las demás personas y la Natura.

Así como “el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”[i] ,  nuestros actos de consumo se pueden sentir al otro lado del mundo[ii].

http://www.rtve.es/noticias/20120606/portada-ciberbasura-sin-fronteras/533464.shtml

Pedir o regalar un nuevo Smartphone, una tableta u otro gadget, así como cualquier regalo, debería ir precedido de un largo y consistente análisis: “es realmente una necesidad para mi (o, en su caso, para él/ella)?”, “para qué lo necesito, qué otra necesidad hay detrás del deseo de tener este gadget?”, “hay otra cosa  que lo podría sustituir, algo sostenible, algo que no contamina ni corrompe, y a la vez puede satisfacer mi necesidad?”

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PinInterest

En un esfuerzo para entender los comportamientos de consumo que caracterizan nuestra sociedad, voy a hablar de un libro[iii]  que cita estudios recientes según  los cuales para el consumidor postmoderno o hipermoderno— de un país industrializado–, el criterio calidad-precio ha dejado de ser el motor que mueve sus relaciones de consumo. Para el nuevo consumidor, los actos de consumo representan un lenguaje en sí, una manera de describir su identidad, la categoría social a la que aspira pertenecer y/o los valores en los que cree o los que rehúsa. La autora sostiene que en los tiempos que corren, en una sociedad cada vez más individualista, los actos de consumo de bienes y servicios representan también una manera de adherirse, o de sentirse integrado, a una comunidad.

Eso podría significar que de igual manera que la satisfacción de un usuario de Facebook aumenta a medida que aumenta el número de “amigos” que tiene o de los “me gusta” que recibe en sus posts, hay otras comunidades virtuales que provocan el deleite de una persona. A pesar del carácter físico-concreto de los servicios o los bienes, estas “comunidades” siguen siendo virtuales, ya que la relación es unidireccional: nuestro consumidor por un lado, y el bien/servicio por el otro. Buenos ejemplos de servicio-comunidad virtual son los servicios de belleza y los de relax (spa, masaje, piscina, gym, etc.), así como los viajes, donde la satisfacción del usuario no se reduce al momento de relax o de placer vivido en las instalaciones/vacaciones y supera el efecto que la actividad tiene sobre su rendimiento físico y mental, yendo más allá para dar esa sensación de bienestar psicológico por sentirse un hombre/una mujer modernx (¿postmodernx?), perteneciente a una tribu[iv] urbana cosmopolita. En algunos casos, la comunidad virtual tiene un núcleo de comunidad real, y es cuando la actividad se comparte con amigxs. En cuanto a bienes, un ejemplo muy elocuente son las tribus construidas en torno a los coches. De alta gama o de gama popular, en la elección de un coche se aplica primero el criterio de identidad – a qué grupo social me quiero adherir –, en segundo lugar se aplica el criterio técnico y, solo después el criterio económico (aunque los últimos dos van muchas veces relacionados). De modo que el aspecto individualista del coche personal se compensa de manera virtual con el sentimiento de pertenecer a un grupo socio-económico, de compartir preferencias, intereses, conocimientos…

Otro tipo de comunidad virtual muy interesante seria la comunidad low cost, una de las mayores comunidades, y que cuenta con personas de distintos niveles económicos, ya que fácilmente un asalariado y su ejecutivo se pueden encontrar en el mismo vuelo.

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Una nueva tribu, el WhatsApp, quien en cierta medida le quitó protagonismo al Facebook, es la más excluyente de las comunidades virtuales. Tiene un número limitado de personas — habitualmente las amistades y familiares –, y excluye a todas aquellxs que no disponen del soporte técnico – el Smartphone – exigido para la aplicación. El Facebook, el gym o el shopping son quizás comunidades demasiado  amplias, y responden en menor medida que el WhatsApp a la necesidad de lo real dentro de lo virtual. Los argumentos a favor del WhatsApp son numerosos, como lo fueron en su día a favor del Facebook, y la promiscuidad de la que habla Borghi[v]  en su libro se justifica por la agilidad del servicio, y la exigencia social de estar actualizado y localizable para la familia, las amistades, y hasta para el trabajo. No me adentraré tampoco en los argumentos contra, si bien opino que no serán pocos.

Ahora, si el criterio económico ya no es prioritario en las elecciones de consumo, cómo se explica que hay cada vez más personas que optan por un servicio de mensajería “porque es gratis”[vi], y al mismo tiempo “sobreviven” individuos que pagan por sus sms y llamadas?

Aunque mantengo mis reservas en cuanto a la figura del consumidor postmoderno de Borghi, debo admitir que el WhatsApp da sentido a la componente afectivo-identitaria de los hábitos de consumo que la autora encuentra como central. En el caso del WhatsApp  hay una necesidad de sentir-se estar juntos con lxs demás, de lxs que los ritmos de la vida actual nos separan, y compartir con ellxs las emociones vividas con un mensaje de tres palabras, cada vez que sea necesario, sin que con ello la factura de teléfono se desborde.  ¿Una necesidad de nueva generación?

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Cierto, esto no significa que lxs que no tienen WhatsApp son unxs ermitañxs, al menos no todxs, por mucho que así lo parezcan. Y aquí entran en escena otras tribus de consumidores, las tribus de consumo ético y responsable. No quiere decir que todas las personas con preocupaciones éticas están privadas del WhatsApp, y tampoco la inversa. No abogamos por el purismo, sino por el esfuerzo de mediar en los multi(ples di)lemas que vivimos cada día con la voluntad autentica de encontrar soluciones non-violentas, inclusive hacia uno mismo. Las tribus de consumo ético y responsable tienen en común con las demás tribus de consumidores, la necesidad de compartir intereses, preferencias y valores. Igual que los demás consumidores, necesitan tener relaciones basadas en empatía, sentirse parte de una comunidad con la que comparten emociones y afectos. A diferencia de otras comunidades, las tribus de consumo ético y responsable necesitan sentirse integradas con todas las personas del mundo y con la Natura. Ellas sienten empatía para aquellas personas situadas al otro lado del mundo y quieren conocer cómo sus actos de consumo pueden afectar la vida de esas.

 

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Y es que son las relaciones de consumo responsable donde el criterio económico incide con más fuerza que el afectivo-identitario. Todos sabemos que comer ecológico hoy día supone un coste superior que comer de hipermercado. Lo mismo ocurre con la ropa, el calzado, y otros bienes y servicios de necesidad. Sin embargo, gracias al Internet, cada vez hay más acceso a información y a soluciones[vii] creativas, económicas y sostenibles. Como decía antes, ser responsable no significa ser purista, hay que ser consciente de las posibilidades que uno tiene en las circunstancias en las que vive, y reducir el impacto negativo sobre lxs demás y la Natura. El efecto de actuaciones dispares pero convergentes de una gran comunidad humana cuyas relaciones de consumo se mueven por la voluntad de integrarse con las demás personas y con la Natura, seria mucho mayor que la suma de las actuaciones más puristas de consumo responsable.

La voluntad es autentica siempre y cuando el acto de consumo está realizado con sinceridad y empatía hacia los demás y la Natura y hacia uno mismo:

“¿por qué deseo comprar este objeto/este paquete de servicios?”,

“¿qué necesidad hay detrás de mi deseo?”,

“¿cómo puede afectar mi acción (o mi inacción) a la humanidad?”,

“cómo afecta a la Natura?”,

“habría alguna otra opción?”

 

 ¿Y tú, a qué tribu quieres pertenecer?

jensorensen0625


[i] Proverbio chino

[ii] http://blog.beruby.com/beruby-contents-es/2011/03/08/fabricados-para-no-durar/ ; véase también: http://www.rtve.es/noticias/20120606/portada-ciberbasura-sin-fronteras/533464.shtml ; y http://www.youtube.com/watch?v=C_JkpUryBUc

[iii] Borghi, Chiara. “Il Consumo Critico. Dal Commercio equo-solidale al riciclo.”, Xenia Edizioni 2005

[iv] ibidem

[v] La autora habla de la infidelidad en cuanto a marcas, pasar de una marca a otra, pero se puede extender a productos y/o servicios.

[vi]Sin entrar en detalles, los costes del aparato y del paquete necesario  para utilizar el Whatsapp, hacen que en realidad este servicio no se gratis.

[vii] Algunos ejemplos para estas fiestas: http://ecoinventos.com/arbol-de-navidad-con-materiales-reciclados/ ; o http://www.diyncraftz.com/diy-cardboard-christmas-tree/ ; también: https://www.greenpeacegiving.org.uk/home

y otro para todo el año: http://www.nodo50.org/consumirmenosvivirmejor/

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2 pensaments sobre “¿Y tú, a qué tribu quieres pertenecer?

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